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Cigüeña

Inmovilizaba por cuello, muñecas y tobillos a los atormentados acoasionándoles ingentes y dolorosos sufrimientos.


Inventado durante el reinado de Enrique VIII y la Reina María por Leonard Skeffington (sirvió como teniente de la Torre de Londres como soldado de Irlanda) siendo conocido este instrumento como La Hija de Scanvenger fue empleado en los prisioneros de la referida torre. La Torre de Londres emplazada en la ciudad de la que recibe su nombre está cargada de historia, siendo lugar de ineludible visita, fue empleada como residencia, arsenal, fortaleza y prisión, siendo por ello lugar donde malvivieron y perdieron la vida infinidad de prisioneros por ofender a la monarquía. Este instrumento fue raramente utilizado por su ideador, quedando constancia documental de su empleo en un prisionero irlandés, Thomas Miagh, como quedó plasmado en una inscripción, visible en Torre Beauchamp de la Torre de Londres, que durante su cautiverio él mismo grabó en la pared “by torture straynge my truth was tried yet of my libertie denied”. La denominación cigüeña es empleada por primera vez en la obra Anales de Italia (1749) de Ludovico Antonio Muratori (1672-1750), religioso de la orden de la Compañía de Jesús que consagró su vida al saber, quedando referenciada como “cicogna” en alusón a archivos judiciales venecianos e inquisistoriales romanos y milaneses (1550-1650). La Santa Inquisición empleó una variedad del instrumento original, con ciertas distinciones pero con igual función, era empleado para sumir la retención del prisionero en el dolor sin ánimo de acabar con su vida, a pesar de ello, por las heridas que ocasionaba podían morir a lo largo del su prolongado cautiverio. Constaba de una circunferencia de hierro que recluía el cuello del prisionero que junto a dos semicírculos a la altura de las muñecas y otros dos a la altura de los tobillos, forzaban una posición antinatural que propiciaba arduos sufrimientos. La forzada postura, con la cabeza hacia delante y las rodillas flexionadas pegadas al pecho, durante el cautiverio desencadenaba atroces calambres; primeramente sentía calambres estomacales, tras ello se sucedían espasmos en el cuello, pecho, piernas y brazos. Además el contacto directo de cuello, muñecas y tobillos con el instrumento de hierro ocasionaba que se clavara duramente, erosionando más y más la carne por cada movimiento espasmódico, estas heridas una vez gangrenadas podían llevarle a la muerte. Sin más, el alargado sufrimiento podía ocasionar al prisionero un estado de locura permanente. Para aumentar el tormento el prisionero podía ser durante el cautiverio golpeado con látigos con puntas afiladas, pellizcado con tenazas o quemado con hierros candentes, además en algunas ocasiones era expuesto al pueblo, bajo beneplácito de autoridades, para ser castigado mediante golpes. Fue usado tras la tortura empleando otro instrumento que producía la elongación de las extremidades ya que en sí la cigüeña, como instrumento antagónico, propiciaba la compresión de las rodillas contra el pecho.

 

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